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Conoce la técnica de Automasaje Neuromuscular.

Usado al inicio, te prepara para la práctica deportiva. Utilizado al final, acelera la recuperación. Aprende a utilizar esta técnica.

Índice de contenidos

  1. Origen del automasaje neuromuscular
  2. ¿Qué es el automasaje neuromuscular?
  3. ¿Para qué se utiliza?
  4. Materiales de automasaje
  5. ¿Cómo se realiza?
  1. Origen del automasaje neuromuscular

Pese a que el automasaje fue popularizado en los años 90 por el fisioterapeuta Mike Clark, este era ya utilizado por el Dr. Moshe Feldenkrais en la década de 1950. En su método, Feldenkrais hacía uso de rodillos de madera para reducir la fricción del movimiento. Sin embargo, al llegar a Estados Unidos en los años 70, dichos rodillos de madera fueron sustituidos por otros hechos de espuma de alta densidad.

Casi 20 años más tarde, el fisioterapeuta Sean Gallagher comenzó a utilizar este tipo de artefactos como herramienta de automasaje con artistas de danza y, más tarde, como una terapia física para todos los públicos.

Tal y como comentábamos al inicio, fue en la década de 1990 cuando los trabajos del Dr. Mike Clark ayudaron a difundir los beneficios de esta metodología, denominada desde entonces como automasaje miofascial.

  1. ¿Qué es el automasaje neuromuscular?

En pocas palabras, se trata de una opción económica y accesible de aprovechar los beneficios de la masoterapia (uso de distintas técnicas de masaje con fines terapéuticos) sin tener que recurrir a un fisioterapeuta. Esta técnica se basa en realizar presión en los músculos, llevando a cabo un deslizamiento con cierta fricción, similar al efecto que produce el masaje manual.

Este tipo de terapia se fundamenta en cinco mecanismos de acción:

  • Relajación miofascial: reduce la tensión del músculo y del tejido que lo recubre (la fascia). Cabe señalar que para provocar cambios significativos en la fascia se requiere aproximadamente 3 minutos de tratamiento en una misma zona. Además, según el tipo de fascia que queramos tratar (superficial, profunda o epimisio, de menor a mayor profundidad) nos veremos obligados a aumentar la intensidad de la presión y/o la capacidad de penetración del implemento.
  • Inhibición autógena: cuando la presión se lleva a cabo sobre la unión miotendinosa que estimula los órganos tendinosos de Golgi (órgano receptor sensorial propioceptivo situado en los tendones de los músculos esqueléticos), hace que estos envíen una señal de relajación al músculo como medida de protección, lo que da como resultado un incremento de la flexibilidad.
  • Tratamiento de puntos gatillo: se trata de un mecanismo neuromuscular de inhibición del dolor. Cuando varios estímulos se dirigen a la médula espinal, en este caso presión y dolor, sucede un conflicto en la entrada de información procedente de los nociceptores (neuronas especializadas en la percepción del tacto y el dolor) y nervios cutáneos, ya que ambas señales no pueden entrar de forma simultánea. Puesto que la señal del dolor viaja más despacio, esta se acaba encontrando ante una “puerta cerrada”, lo que da lugar a una inhibición temporal del dolor.
  • Restricción momentánea del flujo sanguíneo: en primer lugar, se crea una reducción temporal del flujo de sangre en la zona donde se produce la presión. Una vez liberada esta presión, se lleva a cabo un aumento brusco del riego sanguíneo en esta región dando lugar a una perfusión de los fluidos (sangre: nutrientes y oxígeno) además de una reintegración propioceptiva y sensomotora (sistema nervioso).
  • Relajación del músculo y aceleración de los procesos recuperatorios: Mediante la presión y fricción del vientre muscular se reduce su tono al tiempo que se favorece la circulación sanguínea gracias al masaje de todos los tejidos que lo componen.

Por todo esto, siempre nos referimos a esta terapia como autoliberación neuromuscular y no miofascial, pese a que popularmente se la denomine de este último modo. Además, el término liberación miofascial no sería el adecuado, ya que las fascias son un tejido conectivo con funciones mecánicas, de soporte, de protección y de comunicación de redes nerviosas, entre otras cosas. Por lo tanto, en relación con la función mecánica de este tejido, podemos decir que esta técnica mejora su deslizamiento, pero no lo libera.

  1. ¿Para qué se utiliza?

La técnica de automasaje neuromuscular se utiliza tanto en el calentamiento o parte preparatoria de la práctica deportiva como con el fin de mejorar la recuperación del deportista aplicándolo al final de la sesión.

Los beneficios del automasaje son los siguientes:

  • Incrementa la temperatura muscular y la vasodilatación.
  • Modifica la fluidez de los tejidos y ayuda a disminuir el tono muscular.
  • Mejora los puntos gatillo y adherencias.
  • Reduce las agujetas y acelera los procesos de recuperación.
  • Provoca un incremento de la flexibilidad sin una reducción significativa de la fuerza (siempre que el tiempo de aplicación sea inferior a 6 minutos).
  1. Materiales de automasaje

Los materiales disponibles para realizar el masaje neuromuscular se pueden clasificar en base a dos características: el tamaño de su superficie y la dureza del material con el que están fabricados.

En referencia a la primera característica, los materiales con menor superficie penetran más en los tejidos, permitiéndonos además una mayor presión (también más precisa para zonas concretas, por ejemplo, en músculos pequeños o profundos). Por su parte, la dureza del material determina su capacidad de deformación. Es decir, los elementos más duros permanecerán más rígidos, produciendo una presión mayor en comparación con materiales más blandos y maleables.

Por tanto, en base a su morfología, podemos encontrarnos ante los siguientes materiales:

  • Rodillos o foam roller: están especialmente diseñados para que, mediante nuestro peso corporal, rodemos sobre el material provocando presión y fricción sobre la zona seleccionada. Los hay con una mayor o menor dureza, e incluso con relieve en su superficie.
  • Rodillos de mano o sticks: con ellos podemos trabajar las extremidades inferiores ejerciendo mayor o menor presión con nuestros brazos. Son el instrumento perfecto para “escanear” (búsqueda de puntos gatillo) el tren inferior en busca de molestias inusuales. Hay incluso modelos plegables para deportistas que requieren llevarlo dentro de su equipaje cuando viajan para competir.
  • Pelotas: se utilizan para realizar una presión más localizada, ya que se trata del material con la menor superficie. Su uso es interesante con músculos pequeños, profundos o cuando localizamos un punto gatillo. Las pelotas más utilizadas para el masaje son las de tenis (tamaño mediano - dureza moderada), las de lacrosse (tamaño mediano - dureza alta) y el balón medicinal (tamaño grande – dureza media).
  1. ¿Cómo se realiza?

En este artículo vamos a compartir nuestra propuesta práctica de masaje neuromuscular para el tren inferior. Este constará de un “escaneo” de abajo a arriba en toda la musculatura del hemicuerpo inferior en busca de puntos dolorosos, seguido de su posterior aplicación de presión y masaje.

Cabe señalar que el automasaje se realiza sobre los tejidos blandos, nunca huesos ni tendones. Siendo más precisos, debemos ejercer presión sobre el vientre muscular, es decir, la parte central del músculo. Las sensaciones percibidas han de ser de molestia moderada o incomodidad, pero no de dolor excesivo.

Una vez localizado el punto de dolor moderado, podemos deslizar el implemento o rodar sobre él para efectuar el masaje o, por el contrario, mantener el implemento en el lugar de dolor y llevar a cabo una acción muscular (por ejemplo, flexión y extensión de la musculatura plantar en el caso del pie).

El tiempo de ejecución del automasaje se clasifica en tres categorías:

  • Breve: 30 segundos.
  • Moderado: de 1 a 2 minutos.
  • Prolongado: superior a 3 minutos e inferior a 6.

Llegados a la parte práctica, comenzaremos realizando un masaje con pelota en la planta del pie. Para ello, ejerceremos presión sobre la pelota, pudiendo rodar la planta del pie sobre ella o flexionando y extendiendo los dedos de los pies.

Tras esto, pasamos a trabajar la musculatura de la pantorrilla. En este caso, podemos optar por el uso del stick, con el que realizaremos una mayor o menor presión dependiendo de las sensaciones percibidas. En caso de que pretendamos trabajar con una mayor intensidad, utilizaremos el rodillo, teniendo en cuenta que la presión sobre los tejidos es mayor porque recae en ellos más peso corporal.


El siguiente paso es realizar el masaje en la zona posterior del muslo, la musculatura isquiosural. Puesto que esta zona resiste bien la presión, podemos optar directamente por utilizar el rodillo o incluso un balón medicinal, cuya dureza y forma esférica permitirá penetrar mejor en los tejidos.


Después de efectuar el masaje en la cara posterior del muslo, pasamos a la anterior, los cuádriceps. Al igual que en los isquiosurales, si el stick no nos proporciona la suficiente presión, podemos hacer uso del rodillo. Así mismo, tenemos la opción tanto de rodar sobre este como de mantener la presión y realizar flexo-extensiones de rodilla.


El próximo paso se trata del masaje en la cara interior de los muslos, los aductores. Tal y como explicamos en los ejercicios anteriores, podemos hacer uso de un stick si sentimos mucho dolor o, en caso de presión insuficiente, realizar un deslizamiento horizontal sobre un rodillo.


Por último, llevaremos a cabo el masaje sobre el Tensor de la Fascia Lata y el glúteo. Para ello, en primer lugar, trabajaremos la zona superior del muslo en su cara anterior, focalizándonos de este modo en el TFL.

Cabe recalcar que, aunque percibamos molestias al realizar el masaje en la cara lateral externa del muslo, donde se encuentra la banda iliotibial, el cual es un tejido tendinoso que une el glúteo mayor y el tensor de la fascia lata con la tibia, donde no recomendamos realizar el masaje. El trabajo de automasaje debe ser ejecutado en las zonas mencionadas en el anterior párrafo: tensor de la fascia lata y glúteo mayor para disminuir las molestias en esta región.

Tras esto, realizaremos el masaje en el glúteo con un rodillo o una pelota, colocando la rodilla flexionada y cruzada sobre la pierna de apoyo, logrando de este modo que el implemento seleccionado penetre mejor en esta musculatura.


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