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Efectos del Entrenamiento de Fuerza en niños y adolescentes.

Conoce los mitos sobre el trabajo de fuerza en niños, así como los efectos beneficiosos del desarrollo de esta capacidad a edades tempranas.

Índice de contenidos

  1. Falsas creencias sobre el trabajo de fuerza en niños
  2. El papel de la fuerza durante el crecimiento
  3. Efectos del entrenamiento de fuerza en niños y adolescentes
  4. Otros beneficios del entrenamiento de fuerza en niños y adolescentes

 

  1. Falsas creencias sobre el trabajo de fuerza en niños

En muchas ocasiones, se rechaza realizar entrenamiento de fuerza en niños por el miedo a que se produzca una sobrecarga en sus tejidos dando lugar a lesiones. Además, existe la creencia de que este tipo de entrenamiento puede provocar un cierre prematuro del cartílago de crecimiento. En referencia a esto último, no existen evidencias de que la práctica supervisada de deportes de fuerza afecte negativamente el crecimiento óseo del individuo. De hecho, el entrenamiento de fuerza en niños y adolescentes contribuye, entre otras cosas, a incrementar la densidad ósea, al igual que ocurre en los adultos.

Por otro lado, también se piensa que el entrenamiento de fuerza tiene poco sentido durante la fase de la pubertad debido a los bajos niveles de testosterona existentes. Ahora bien, pese a que los niños y adolescentes no cuentan con el mismo entorno hormonal que un adulto y, por consiguiente, con su potencial hipertrófico, estos presentan adaptaciones al entrenamiento de fuerza a través de factores neuronales como el mayor reclutamiento de unidades motoras o el incremento de la frecuencia de activación de estas.

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  1. El papel de la fuerza durante el crecimiento

Frecuentemente, nos preguntamos a partir de qué edad podemos comenzar a realizar entrenamiento de fuerza. Sin embargo, no somos conscientes de que, desde que nacemos, estamos entrenando la fuerza.

En el momento en que un bebé nace comienza a luchar contra la fuerza de la gravedad. El peso la cabeza del bebé es enorme en comparación con el de su cuerpo. Por ello, intentar levantar y sostener la cabeza estando boca abajo supone una resistencia tan grande como la del entrenamiento de fuerza para los músculos extensores de la columna cervical.

Un tiempo más tarde, cuando el niño aprende a caminar ha de enfrentarse de nuevo al trabajo de fuerza para superar su peso corporal. De hecho, cuando este se dispone a subir escaleras, debe realizar flexiones y extensiones de rodilla y cadera, dada la altura de los escalones, así como aplicar una importante fuerza contra el suelo.

Pasados otros años más, los niños aprenden a subirse a las alturas, escalan en parques infantiles, saltan y forcejean unos con otros. En estas acciones, el peso del cuerpo se desplaza en todas direcciones realizando empujes y tracciones.

En definitiva, la vida de un niño hasta los 6 años se encuentra marcada por la coordinación motriz, pero también por la fuerza.

Sin embargo, cuando el niño inicia la etapa escolar los estímulos de movimiento y fuerza se ven drásticamente reducidos. Esto se debe a que las actividades que se realizan son mucho más sedentarias (jugar con videojuegos, por ejemplo). De hecho, más del 50% de los niños y jóvenes de 8 a 18 años presentan problemas posturales relacionados con una fuerza corporal insuficientemente desarrollada. Así mismo, en un estudio realizado en Norteamérica, un tercio de los chicos y dos tercios de las chicas adolescentes fueron incapaces de realizar una sola dominada.

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  1. Efectos del entrenamiento de fuerza en niños y adolescentes

Este tipo de entrenamiento, cuando ha sido bien pautado y supervisado, produce un aumento de la fuerza en cualquier periodo del crecimiento del niño y del adolescente, tanto después como antes de la pubertad.

Este metanálisis, donde se analizan los efectos de programas de entrenamiento de fuerza en niñas y niños menores de 12 y 13 años respectivamente, muestra como resultado un aumento de la fuerza entre el 13 y el 30%. Por su parte, este otro estudio concluye que, tras 2 meses de entrenamiento realizando 2 sesiones semanales de fuerza, donde niños de 5 a 12 años realizaron 1 serie de 6 o 8 repeticiones con una carga pesada o 1 serie de 13 a 15 repeticiones con una carga moderada, se producen incrementos considerables en la fuerza (31% en carga pesada frente a 40,9% en carga moderada), corroborando de este modo que la fuerza y resistencia muscular pueden mejorarse durante la niñez. Así mismo, en este otro estudio realizado con 18 niños pre-púberes, no solo se midió la fuerza, la cual se incrementó en un 42,9% mientras que en el grupo control solo aumentó un 9,5%, sino que también se midió la flexibilidad de las extremidades superiores e inferiores, la cual se incrementó un poco más en el grupo de estudio respecto al grupo control.

Por otro lado, el entrenamiento de fuerza en jóvenes prepuberales también ha demostrado producir cierto crecimiento muscular. Los puntos de inserción tendinosa en el hueso, las superficies cartilaginosas, el aparato capsulo-ligamentoso y la formación ósea se vuelven más resistentes a las cargas. Puesto que las lesiones del cartílago de crecimiento se suelen producir por la aplicación de cargas muy altas, como accidentes, caídas fuertes, saltos, lanzamientos muy agresivos o golpes, el entrenamiento de fuerza ofrece estímulos de resistencia dosificados y controlables que preparan a las estructuras pasivas para este tipo de eventos.

Por consiguiente, la fuerza es un factor esencial de la condición física de los niños, siendo clave para un desarrollo corporal seguro, fisiológico y con buena capacidad de rendimiento. Así mismo, su desarrollo cobra mayor importancia si cabe cuando se busca que el niño practique un deporte de competición, ya que de este modo crearemos una base estable, equilibrada y potente.

  1. Otros beneficios del entrenamiento de fuerza en niños y adolescentes

Además de las adaptaciones neurales y estructurales que produce este tipo de entrenamiento en niños y adolescentes podemos destacar otros beneficios más del entrenamiento de fuerza a estas edades.

  • Mejora de la estabilidad articular.
  • Dominio rápido y seguro del propio peso corporal.
  • Mejora de las capacidades motrices, especialmente la rapidez, la movilidad y la coordinación.
  • Reducción del porcentaje de grasa y mejora de la composición corporal.
  • Durante las fases de crecimiento longitudinal, resulta una ayuda considerable para la estabilización.
  • Mejora de la percepción corporal.
  • Aumento de la confianza en uno mismo y de la autoestima.
  • Contribuye a que los jóvenes lleven una vida saludable y deportiva.

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