Instituto ISAF

Análisis sobre los diferentes tipos de hipertrofia muscular.

Con este artículo pretendemos arrojar algo de luz al debate sobre la existencia o no de la hipertrofia sarcomérica y sarcoplasmática.

Índice de contenidos

  1. Hipertrofia: definición y tipos en base a su duración
  2. Conceptos clave
  3. Hipertrofia sarcomérica y sarcoplasmática
  4. Conclusión

 

  1. Hipertrofia: definición y tipos en base a su duración

La hipertrofia muscular hace referencia a un incremento en el área de sección transversal de las fibras musculares, en ocasiones, acompañado de un incremento del número de miofibrillas (hiperplasia muscular).

Según T. Bompa, los practicantes de deportes de fuerza y culturismo experimentan dos tipos de hipertrofia: la transitoria y la crónica.

La hipertrofia transitoria es el resultado de la acumulación de fluidos (edema) en el músculo. El trabajo de fuerza provoca un aumento en la cantidad de agua que se almacena en los espacios intracelulares del músculo. Cuando esta agua regresa al torrente sanguíneo, horas después del entrenamiento, la hinchazón desaparece.

Por su parte, la hipertrofia crónica es el resultado de unos cambios estructurales en el músculo. Puesto que aparece como consecuencia de un incremento tanto del número como del tamaño de los filamentos musculares, sus efectos son mucho más duraderos que los de la hipertrofia transitoria.

Ahora bien, existe una teoría que distingue dos subcategorías dentro de la hipertrofia crónica: la sarcoplasmática y la sarcomérica.

  1. Conceptos clave

Para poder entender la hipótesis mencionada en el punto anterior, antes hemos de hacer un repaso a la estructura de la célula muscular, distinguiendo el sarcoplasma de los sarcómeros.

Las células musculares o miocitos reciben el nombre de fibras musculares. Su membrana celular se denomina sarcolema, mientras que el citoplasma (medio interno celular formado por el citosol y los orgánulos) es llamado sarcoplasma. Las fibras musculares contienen muy poco citosol (fluido intracelular), y la gran parte del sarcoplasma se encuentra ocupado por las miofibrillas, haces de proteínas elásticas y contráctiles responsables de la contracción muscular.

Por su parte, cada miofibrilla contiene un gran número de sarcómeros, considerados las unidades fundamentales de la contracción muscular. Cada sarcómero contiene un disco Z a cada lado, donde se unen filamentos de actina rodeando a los de miosina. Cada contracción es el resultado del deslizamiento de estos filamentos de actina a lo largo de los de miosina.

  1. Hipertrofia sarcomérica y sarcoplasmática

Durante décadas hemos observado como los atletas de fuerza (competidores de powerlifting o halterofilia, por ejemplo), mostraban un desarrollo muscular diferente al de los culturistas o bodybuilders. Esto ha llevado a considerar que, dependiendo del tipo de entrenamiento, podemos lograr un tipo de hipertrofia u otra.

Por un lado, se entiende por hipertrofia sarcomérica o miofibrilar al aumento del material contráctil de la célula muscular, con el correspondiente incremento de los niveles de fuerza. Puesto que se trata de una hipertrofia menos pronunciada y más “funcional”, suele ser pretendida por la mayoría de los deportistas que compiten en disciplinas no asociadas a la estética.

Por otro lado, nos encontramos con la hipertrofia sarcoplasmática, la cual hace referencia al aumento del volumen muscular a causa del incremento de cualquier material que haya en la célula, excepto el contráctil. Este tipo de hipertrofia es pretendida por los culturistas y, teóricamente, no viene acompañada de un aumento de los niveles de fuerza.

Pero, ¿existen verdaderamente estos dos tipos de hipertrofia y se puede alcanzar una sin la otra?

Según las investigaciones mencionadas por B. Schoenfeld en su libro Ciencia y Desarrollo de la Hipertrofia Muscular, los culturistas tienden a contener elevadas cantidades de tejido conectivo fibroso en el endomisio (delgada red de fibras reticulares que rodea a su vez a cada fibra muscular), así como también mayor contenido de glucógeno en comparación con los levantadores de potencia. De hecho, MacDougall y colaboradores mostraron que las concentraciones de glucógeno en reposo se incrementaron un 66% tras 5 meses de un régimen de entrenamiento de resistencia muscular. Tras 16 semanas de un entrenamiento consistente en 11 ejercicios de 3 series, a 8-12 repeticiones llevadas al fallo muscular con descansos de 60-90 segundos, los análisis por espectroscopia de impedancia bioeléctrica mostraron un incremento significativo del contenido de agua intracelular, posiblemente por el aumento del contenido de glucógeno muscular.

Cabe señalar que el entrenamiento de los culturistas depende fundamentalmente del sistema glucolítico no oxidativo, por lo que el organismo responde a estos estímulos mejorando su capacidad de almacenar glucógeno, hecho que puede explicar su mayor volumen muscular.

Por el contrario, el entrenamiento de potencia tiene estímulos de muy alta intensidad, pero corta duración, por lo que el sistema predominante es el de los fosfágenos. La aparente falta de necesidad de incrementar los niveles de glucógeno muscular hace que se produzca una acumulación mucho menor de fluidos en los músculos. De hecho, las principales adaptaciones de este tipo de entrenamiento son neurales.

Tras leer esto podemos pensar que verdaderamente hay una hipertrofia sarcomérica y otra sarcoplasmática, solo por el incremento del acúmulo de fluidos en esta última. Sin embargo, el glucógeno se almacena de forma irregular y heterogénea en la célula muscular, no solo en el sarcoplasma.

Así mismo, estudios como el realizado por Burd y colaboradores nos muestran que el entrenamiento al 90% del 1RM induce una mayor síntesis proteica sarcoplasmática en la fase precoz post-ejercicio (4 horas después del ejercicio) comparado con un entrenamiento al 30% del 1RM, aunque este último presenta un incremento superior 24 horas post-ejercicio.

  1. Conclusión

En definitiva, lo cierto es que no hay evidencias significativas de que se pueda producir hipertrofia sarcoplasmática en ausencia de cambios en las proteínas contráctiles del músculo ni a la inversa. De hecho, cuando se produce la hipertrofia muscular, la proporción entre el tejido miofibrilar y el sarcoplasma se mantiene constante.

Ahora bien, también es cierto que, visualmente, nos podemos encontrar ante dos tipos de hipertrofia como respuesta adaptativa al entrenamiento de fuerza, una característica del área fisiológica de los fosfágenos y otra correspondiente al área glucolítica.

Nuestra postura al respecto es que, aunque la hipertrofia muscular abarca las estructuras contráctiles y no contráctiles de las fibras musculares, distinguimos por un lado una hipertrofia menos pronunciada y acompañada de mayores adaptaciones neurales y, por otro lado, una hipertrofia más pronunciada, basada en un incremento de fluidos y con menores adaptaciones neurales. No obstante, no podemos decir que una sea sarcomérica y la otra sarcoplasmática porque ambas se producen en las estructuras contráctiles y no contráctiles de la célula muscular.

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