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El secreto de las personas que se mantienen jóvenes...

El envejecimiento es el resultado de la acumulación de daños celulares prolongados en el tiempo, con el consiguiente deterioro de las capacidades físicas y mentales de un sujeto. A su vez, el aumento progresivo de este deterioro incrementa el riesgo de sufrir enfermedades cada vez de mayor gravedad, llegando incluso a la muerte.

Sin embargo, el ritmo de envejecimiento no es uniforme en todas las personas y en este artículo vamos a tratar esta cuestión.

Pongamos por caso el análisis de las cifras de colesterol en nuestro país. Según datos de 2014, más de un 15% de los españoles tiene el colesterol alto. Cierto es que el cuerpo humano necesita colesterol para su correcto funcionamiento, pero un exceso de este puede acumularse en las paredes de las arterias dificultando con ello el flujo sanguíneo y aumentando el riesgo de sufrir un accidente cardiovascular.

Ante ello, el tratamiento prioritario es un cambio de los hábitos de vida. No obstante, si los niveles de colesterol son muy elevados, puede no ser suficiente con esto, por lo que sería necesario utilizar fármacos que ayuden a reducir el colesterol.

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Cabe destacar que el consumo de medicamentos destinados a reducir el colesterol tiene como principal efecto adverso el dolor musculoesquelético, además de un aumento de la glucemia, problemas digestivos, insomnio, cansancio, dolor de cabeza, …

Por lo tanto, si una persona no cambió su estilo de vida antes de requerir medicación, difícilmente lo va a hacer ahora, más si cabe cuando lo habitual es creer que estos fármacos son inocuos y que todos estos efectos adversos son achacables a la edad.

Además, si a esto añadimos, por una parte, que el consumo de fármacos contra la hipertensión puede llevar a sufrir cansancio excesivo, debilidad, depresión, …; y, por otra parte, los utilizados frente a triglicéridos elevados, trastornos digestivos y problemas gastrointestinales, podemos observar como a medida que nos medicamos para un factor de riesgo cardiovascular, aparece otra patología que también requiere de tratamiento farmacológico. Y así, sucesivamente.

De este modo, el sujeto que sufre estas enfermedades cada vez se vuelve más sedentario, con lo que la situación se retroalimenta.

Por consiguiente, el secreto de las personas que se mantienen jóvenes por más tiempo es que antes de llegar al punto crítico donde los fármacos mencionados con anterioridad son necesarios para garantizar la supervivencia de estos, deciden llevar un estilo de vida saludable basado en el ejercicio físico y una alimentación ordenada a la vez que variada.

Para concluir, queremos recalcar que no estamos en contra del uso de estos fármacos. Solo pretendemos transmitir que no existe ningún fármaco que suponga una alternativa real al ejercicio físico y a una pauta alimentaria adecuada.

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