El artículo basado en las investigaciones de George Brooks y sus colegas revisa una idea muy conocida en fisiología del ejercicio: el llamado umbral anaeróbico. El Umbral Anaeróbico 50 años de debate ha generado muchas interpretaciones diferentes y sigue siendo un tema central en la fisiología del ejercicio. Durante décadas se enseñó que, al aumentar la intensidad del ejercicio, llegaba un punto en el que el músculo ya no recibía suficiente oxígeno, empezaba a “trabajar en anaeróbico” y por eso se acumulaba lactato. Esa explicación fue muy popular, pero el artículo deja claro que hoy ya no puede sostenerse así.
Qué se pensaba antes
La explicación clásica decía lo siguiente: A medida que sube la intensidad del ejercicio, llega un momento en el que el aporte de oxígeno al músculo ya no basta. Como consecuencia, el organismo recurre más al metabolismo anaeróbico, aumenta la producción de lactato, se acumulan protones, baja el pH y el cuerpo responde aumentando la ventilación para eliminar más dióxido de carbono. Esa zona fue la que históricamente se llamó umbral anaeróbico.
Dicho de forma simple: se creía que el lactato subía porque faltaba oxígeno.
Qué explica hoy la fisiología moderna
El artículo señala que esa interpretación clásica ya no encaja bien con la evidencia actual. El aumento del lactato durante un esfuerzo progresivo no debe entenderse, en condiciones normales, como una prueba de que el músculo se ha quedado sin oxígeno. Más bien refleja que, al aumentar la intensidad, la velocidad a la que se produce y aparece lactato en sangre supera la velocidad a la que el organismo puede reutilizarlo o eliminarlo.
En otras palabras:
- No es correcto pensar que “aparece lactato porque no hay oxígeno”;
- Es más correcto decir que aumenta el paso por la glucólisis, se acelera el metabolismo y el equilibrio entre producción y remoción (aclaramiento) de lactato se rompe a favor de su acumulación.
Esto cambia mucho la forma de enseñar el tema, porque desplaza el foco desde una supuesta “asfixia muscular” hacia una visión más real del control metabólico.
El lactato no es un residuo inútil
Otro mensaje muy importante del artículo es que el lactato no debe verse como una sustancia de desecho. Esa idea está muy anticuada. Según la fisiología actual, el lactato es una molécula útil que puede:
- Servir como combustible energético para distintos tejidos;
- Participar en la formación de glucosa;
- Actuar como señal biológica dentro del organismo.
Es decir, el lactato no es simplemente “la basura del ejercicio intenso”. Esa forma de explicarlo es demasiado pobre y ya no representa bien lo que sabemos.
Entonces, qué representa realmente ese punto del esfuerzo
Lo que tradicionalmente se llamaba “umbral anaeróbico” representa, en realidad, una transición fisiológica: el momento a partir del cual el organismo empieza a mostrar un aumento progresivo del lactato en sangre y cambios ventilatorios asociados al esfuerzo creciente.
Pero ese punto no significa literalmente que el cuerpo “entre en anaeróbico” como si el metabolismo aeróbico se apagase y se encendiera otro interruptor. Eso es una simplificación excesiva.
Lo más riguroso sería hablar de:
- Primer punto de aumento mantenido del lactato;
- Primer cambio ventilatorio relacionado con la acidosis metabólica amortiguada;
- O, de forma más pedagógica, transición entre ejercicio todavía estable y ejercicio fisiológicamente creciente exponencial.
Por qué se ha creado tanta confusión con este tema
Uno de los problemas que denuncia el artículo es que se han usado demasiados nombres para fenómenos que no siempre son exactamente iguales. Durante años se han mezclado términos referidos a:
- Aumento del lactato en sangre;
- Cambios en los gases respiratorios;
- Aumento desproporcionado de la ventilación;
- Máxima intensidad estable con lactato constante;
- Frontera entre ejercicio intenso estable y ejercicio severo no sostenible durante mucho tiempo.
El resultado ha sido un auténtico caos terminológico. A veces parecía que todo era lo mismo, cuando en realidad no lo es.
Qué distingue realmente el artículo
El trabajo diferencia dos grandes transiciones fisiológicas que conviene separar con claridad.
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La transición desde un esfuerzo estable y cómodo hacia un esfuerzo más exigente, pero aún sostenible
Aquí es donde encaja el punto en el que el lactato empieza a elevarse de manera apreciable y también el punto en el que los gases respiratorios muestran un cambio compatible con ese aumento de exigencia metabólica. Este punto es útil para valorar la respuesta al ejercicio, prescribir entrenamiento y estudiar la tolerancia funcional.
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La frontera entre el esfuerzo intenso todavía controlable y el esfuerzo severo que ya no puede estabilizarse
Esta segunda frontera es más alta. Marca el límite a partir del cual el organismo ya no logra mantener estables variables fisiológicas clave y la fatiga aparece antes. Según los autores, esta frontera está mejor representada por el concepto de potencia crítica o velocidad crítica, es decir, la mayor intensidad a la que aún puede mantenerse un cierto equilibrio fisiológico antes de entrar en una zona de agotamiento rápido.
Y aquí está una de las claves del artículo:
el punto en que empieza a elevarse el lactato y la frontera del esfuerzo severo no son lo mismo.
Qué papel tienen las mediciones respiratorias
El artículo también explica que existe una forma no invasiva de estimar esta primera transición fisiológica observando cómo cambian el consumo de oxígeno, la producción de dióxido de carbono y la ventilación durante una prueba de esfuerzo.
Esta aproximación es muy útil porque evita extraer sangre de forma repetida y tiene gran valor en:
- evaluación del rendimiento;
- control del entrenamiento;
- valoración clínica y cardiopulmonar.
Pero el artículo recuerda que esta medición respiratoria debe entenderse bien: no demuestra que el músculo haya “pasado a anaeróbico”, sino que detecta una respuesta fisiológica asociada al aumento de la exigencia metabólica y al tamponamiento de los protones.
Qué lugar ocupa la máxima intensidad estable
Otra idea importante es que existe una intensidad a partir de la cual el lactato deja de poder mantenerse relativamente estable y comienza una deriva progresiva. Esa intensidad máxima estable tiene mucho valor práctico porque se relaciona estrechamente con la capacidad de sostener el esfuerzo durante bastante tiempo.
Sin embargo, el artículo insiste en que tampoco conviene meter todo esto en el mismo saco. Una cosa es:
- el primer aumento apreciable del lactato;
y otra distinta es:
- la máxima intensidad a la que todavía puede mantenerse estable el equilibrio metabólico.
Son fenómenos relacionados, pero no equivalentes.
Qué conclusión práctica proponen los autores
La conclusión no es que haya que abandonar por completo la idea de umbral. La conclusión es más precisa:
- El concepto ha sido útil;
- Sigue teniendo cierta utilidad práctica;
- Pero su explicación clásica fue demasiado simple y, en parte, incorrecta.
Por tanto, hoy sería más correcto hablar de:
- Punto de inicio del aumento del lactato;
- Cambio ventilatorio asociado al incremento de la carga metabólica;
- Máxima intensidad metabólicamente estable;
- Frontera entre esfuerzo intenso estable y esfuerzo severo creciente.
Eso es bastante más largo, sí. Mucho menos comercial, también. Pero fisiológicamente es más limpio y bastante menos tramposo.
Resumen de la idea central del artículo
Durante muchos años se enseñó que, cuando hacías ejercicio cada vez más intenso, llegaba un momento en que “faltaba oxígeno”, entrabas en anaeróbico y por eso subía el lactato.
Lo que ocurre realmente es que, al aumentar mucho la intensidad:
- el metabolismo se acelera;
- aumenta mucho la producción de lactato;
- el cuerpo puede reutilizarlo durante bastante tiempo;
- pero llega un punto en que la aparición de lactato supera su reutilización y su eliminación;
- entonces su concentración en sangre empieza a subir de forma clara.
Por eso, ese punto no debe entenderse como “aquí se acaba el oxígeno”, sino como una transición metabólica y fisiológica.
Además, el artículo recuerda que hay otra frontera distinta, situada a una intensidad superior: la que separa el esfuerzo duro pero todavía estable del esfuerzo tan intenso que ya no puede mantenerse durante mucho tiempo sin desestabilización progresiva. Esa frontera está mejor representada por la potencia o velocidad crítica, no por el primer ascenso del lactato.
