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Entrenador Personal: 4 reglas para fidelizar a tus clientes

En este artículo queremos compartir contigo nuestra experiencia, no tanto como formadores de entrenadores, sino como entrenadores.

Contratar un entrenador personal es un servicio al que no todo el mundo puede acceder, y no nos referimos únicamente por el aspecto económico. De hecho, el problema se encuentra en que los entrenadores exigimos 2 pagos: uno en dinero y otro en esfuerzo.

Esto es algo difícil de digerir por muchas personas: ¿encima que pago tengo que hacer lo que esta persona me dice?

Por ello, es relativamente fácil que nuestro cliente, en un determinado momento, llegue a la conclusión de que pesan más los sacrificios que está realizando ahora que los supuestos beneficios que conseguirá algún día.

Esto último es otro tema que cabe destacar: en plena era de la inmediatez, estamos pidiendo esfuerzos para conseguir algo que no sabemos en qué momento exacto llegará. Sobre todo, en casos de recomposición corporal, donde lo que nuestro cliente haga en nuestra ausencia tendrá la misma importancia o más que lo que haga en nuestra presencia. Mucha responsabilidad para tanta incertidumbre, ¿no?

Ante este panorama tan desolador tenemos muchas papeletas para que nuestro cliente se desmotive y abandone, hecho que nuestro ego suele interpretar como falta de actitud. Más si cabe cuando nos referimos a personas que nunca han sido capaces de mantener la continuidad realizando ejercicio físico.

No obstante, hemos de ser autocríticos y asumir nuestra parte de culpa. Porqué la tenemos.

En realidad, no nos damos cuenta de que somos apasionados del deporte intentando meter con calzador nuestras ideas en personas con una escala de prioridades completamente distinta a la nuestra.

Tras esta introducción, compartimos nuestras 4 reglas inquebrantables para fidelizar a los clientes y que estos nunca abandonen.

     1- Valora de forma objetiva el progreso

El cliente paga por ver resultados. Esto es algo que no se puede discutir.
El problema se encuentra en que algunos objetivos necesitan tiempo para ser percibidos, por lo que, hasta que llegue el momento, el cliente tendrá la sensación de estar pagando por nada.
Ahora bien, hay cambios que, aunque sean difíciles de apreciar, ocurren al poco tiempo de comenzar a entrenar. De modo que no dudes en cuantificarlos de forma objetiva y compártelos con él.
Pongamos como ejemplo el dolor. Nuestra experiencia nos ha demostrado que, en multitud casos, cuando el cliente deja de sentir dolor, olvida que una vez lo tuvo. Sobre todo, cuando son dolores puntuales.
Otro caso es la amplitud de movimiento. Si no la medimos, ¿cómo sabemos que la hemos mejorado o no?  
De ahí que sea tan importante realizar una valoración inicial y llevar una ficha con el seguimiento del cliente.
Asimismo, ver los primeros resultados en poco tiempo supone una gran motivación para personas que, no olvidemos, antes de ponerse en manos de un entrenador personal es muy posible que hayan pasado por muchos métodos engañosos que habrán mermado considerablemente su confianza.

     2- Adáptate (de verdad) a tu cliente

Los entrenadores estamos condicionados por nuestra forma de ver la vida y es sencillo caer en el error de pensar que, lo que a nosotros nos gusta o tenemos como objetivo, es lo que más le conviene a nuestro cliente.
Las personas poco familiarizadas con el deporte tienen muchos prejuicios y mitos sobre este, y forzarles a que piensen como nosotros puede conseguir el efecto contrario al que buscamos: el rechazo.
Es por esto por lo que, como entrenadores, hemos de respetar los objetivos que tenga el cliente y, poco a poco, reconducirlo en lo que se encuentre equivocado. Eso sí, evitando imponer nuestro criterio.
Un ejemplo puede ser el caso de una mujer mayor con sobrepeso a la que nos empeñamos en entrenar como a un culturista, ya que así es como nos gustaría que nos entrenasen a nosotros.
Es cierto que enfocarse en ganar masa muscular puede ayudarle a reducir el porcentaje de grasa, mejorar su fuerza e, incluso, su masa ósea. Ahora bien, nos estaremos perdiendo muchas más áreas que mejorarían su calidad de vida.
Además, esta metodología de entrenamiento caracterizada por falta de dinamismo y variabilidad probablemente hará que dicha persona se aburra, su motivación descienda y acabe abandonando antes de lo esperado.

     3- Asegúrate de que no te falta conocimiento teórico-práctico
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En primer lugar, iniciaremos este apartado mencionando el llamado efecto Dunning-Krugger.
Para quien no lo conozca, se trata de un sesgo cognitivo basado, en pocas palabras, en que el desconocimiento genera más confianza que el conocimiento.
Hoy en día podemos buscar cualquier cosa en internet y recibir al instante una avalancha de información al respecto. El problema reside en que, como muchas cosas en la vida, más no es mejor.
Dicha cantidad de información obliga a realizar un cribado de esta que requiere un tiempo que, normalmente, no tenemos. Por lo cual, obtenemos mucha información, pero gran parte de ella no la entendemos del todo y nos es difícil llevarla a la práctica.Solo el proceso de recopilar, seleccionar la información y ponerla en práctica nos ayuda a interiorizarla y fijar dicho conocimiento.
En vista de esta problemática basada en que necesitamos aprender en el mínimo tiempo posible, en Instituto ISAF trabajamos para recopilar y sintetizar toda la información que necesita un entrenador en su día a día, de forma clara, sencilla y fácil de entender para que esta sea cómodamente llevada a la práctica.

     4- Mantened siempre vuestros roles

En muy común que, con el paso del tiempo, la confianza con nuestros clientes haga que los roles se confundan y, en ocasiones, la sesión de entrenamiento se convierta en el confesionario o la terapia donde estos pretendan desahogarse.
Para empezar, los entrenadores no somos psicólogos. Nuestro trabajo es entrenar a nuestro cliente.
Si perdemos el foco en la que es realmente nuestra tarea, la calidad de los entrenamientos descenderá y, con ella, los resultados.
Recordemos que nuestro cliente nos paga por ver dichos resultados y, si estos no se alcanzan, habremos fracasado y el cliente, con razón, sentirá que ha malgastado su dinero y esfuerzo.
En definitiva, como entrenadores debemos ser capaces de mantener los roles en el momento que comienza la sesión de trabajo, ya que esto no va a ser jamás interpretado como falta de atención sino como muestra de profesionalidad.

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