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Planificación del entrenamiento funcional.

El entrenamiento funcional tiene como objetivo mejorar las capacidades físicas de un sujeto: fuerza, velocidad, potencia, resistencia, flexibilidad, equilibrio; además de tener como una de sus principales metas evitar o recuperar lesiones.


Nosotros entendemos por ejercicios funcionales todos aquellos que ayudan al deportista a mejorar una debilidad o desequilibrio musculoesquelético.

Debemos entender el movimiento como una cadena y visualizar los ejercicios funcionales como la herramienta que fortalece los eslabones débiles de esta.

Por lo tanto, pese que el objetivo intermedio de este entrenamiento puede ser alcanzar la aptitud adecuada del sujeto para poder realizar ejercicios de alta complejidad técnica, de mayor similitud a los gestos de su vida diaria o del deporte que practica, podemos considerar ejercicio funcional a todo gesto que corrija descompensaciones que limitan la funcionalidad del deportista.

Sin embargo, en muchas ocasiones estos dos conceptos son interpretados de forma equivocada, dado lugar a entrenamientos que no solo no mejoran las capacidades físicas objetivo, si no que aumentan el riesgo de que el deportista sufra lesiones.

Por ello, vamos a exponer a continuación 3 claves más importantes para planificar entrenamiento funcional de forma correcta.

  1. Evaluar la movilidad y estabilidad articular previa del deportista.

Todo ejercicio requiere tanto una adecuada amplitud de movimiento como una buena estabilidad articular.

Por lo tanto, es crucial evaluar estos aspectos previamente, puesto que, de no hacerlo así, dichos entrenamientos pueden aumentar las disfunciones o desequilibrios del sujeto.

  1. Adaptar los entrenamientos al sujeto, no al contrario.

La individualización del entrenamiento es clave. Los ejercicios no solo no deben poner en riesgo la integridad del deportista, si no que deberían ayudar a que dicha persona mejore sus debilidades funcionales.

Así pues, debemos condicionar la selección de ejercicios tanto a las limitaciones insalvables que pueda tener este (operaciones, por ejemplo), como a las disfunciones que necesite corregir

  1. Respetar los fundamentos fisiológicos.

Para estimular una capacidad física concreta hemos de asegurarnos de que estamos trabajando el área específica en que esta se desarrolla. Es decir, si queremos mejorar la velocidad de un deportista, intensidad, duración y pausas no pueden escogerse de forma aleatoria.

De hecho, la acumulación de fatiga por una incorrecta gestión de las variables mencionadas hace que el sujeto cada vez reproduzca el gesto deportivo de forma menos eficiente, consiguiendo el efecto contrario al pretendido: que cada vez sea menos veloz.

Cabe añadir que ignorar la fisiología no solo perjudica al rendimiento, si no que puede poner en riesgo la salud del atleta, ya que la fatiga anteriormente señalada afecta la coordinación de este, aumentando el riesgo de sufrir un percance durante el entrenamiento.

Nuestra experiencia nos dice que la llevada a la práctica de los fundamentos fisiológicos es compleja y, si no se tienen bien claros estos, es fácil caer en el error de elaborar entrenamientos inespecíficos y, con el paso del tiempo, conducir al deportista a un estancamiento de su rendimiento deportivo.

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