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¿Por qué fracasan las dietas?

¿Sabías que algunas investigaciones revelan que más del 90% de personas que pierden peso, lo acaban recuperando en pocos años?

Índice de contenidos:

  1. Las cifras de fracaso en las dietas para la pérdida de peso
  2. La respuesta de la nutrición tradicional
  3. Factores que comprometen el éxito de una dieta de adelgazamiento
    1. Falta de adaptación al individuo
    2. Búsqueda de resultados rápidos
    3. Sedentarismo
    4. Efecto yo-yo
    5. Factores psicológicos

 

  1. Las cifras de fracaso en las dietas para la pérdida de peso

Es un secreto a voces el hecho de que la gran mayoría de las personas que deciden seguir una dieta orientada al adelgazamiento acaban fracasando.

De hecho, según la “Encuesta XLS Medical sobre los factores de éxito y fracaso en el intento de adelgazar”, realizada por la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) a 2944 personas, el 81% de los españoles fracasa al realizar una dieta para perder peso.

Así mismo, otras investigaciones muestran que entre el 90% y el 95% de las personas que pierden peso, lo acaba recuperando en varios años.

  1. La respuesta de la nutrición tradicional

Las cifras reveladas en el punto anterior no dejan lugar a dudas: el enfoque adoptado por la nutrición para la pérdida de peso no está siendo eficaz.

No obstante, muchos profesionales se cierran en banda escudándose en que el fracaso de las dietas para la pérdida de peso se debe exclusivamente a la falta de voluntad del individuo, ya que estos planes cumplen con el requisito fundamental para la pérdida de peso, produciendo un déficit energético en el sujeto.

Pese a que estamos de acuerdo en que el balance calórico negativo es un factor indispensable para la pérdida de peso, entendemos que la alimentación no es el mero hecho de introducir nutrientes en nuestro cuerpo. Esta se encuentra asociada a nuestras emociones, costumbres, gustos, hábitos de vida, horarios, etc., por lo que achacar el fracaso a la falta de voluntad es no querer afrontar que podemos hacer las cosas mejor.

En nuestro afán por crear planes nutricionales verdaderamente eficaces, compartimos contigo los factores que, desde nuestro punto de vista, afectan de forma negativa a cualquier plan nutricional.

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  1. Factores que comprometen el éxito de una dieta de adelgazamiento

    a. Falta de adaptación al individuo

Cuando realizamos una intervención nutricional sin tener en cuenta las características individuales del sujeto, como son su nivel de actividad física, gustos, horarios, si tiene o no enfermedades o lesiones, …, estamos elaborando un plan que, teóricamente, puede ser eficaz, pero, en la práctica, quizá es difícil de llevar a cabo por la persona.

Un ejemplo de esto es lo que, popularmente, se conoce como “la dieta de la fotocopia”. Para quien no haya escuchado hablar de esta “dieta”, se trata de la típica pauta nutricional que suelen entregar ciertos profesionales sanitarios. Estos planes se caracterizan por ser hipocalóricos (habitualmente de 1500kcal, ya que las dietas con menor aporte energético suelen ser deficitarias en algunos nutrientes), equilibrados (55% de carbohidratos, 30% de grasas y 15% de proteínas, aproximadamente), con 5 comidas y una selección de alimentos preestablecida (raramente presentan alimentos equivalentes para realizar intercambios).

Como hemos dicho, teóricamente, pueden ser eficaces, ya que son planes hipocalóricos y aportan todos los nutrientes necesarios, pero, ¿responderá igual a esta dieta una persona que pesa 70kg que otra que pesa 120? ¿Qué ocurre si el sujeto no dispone de tiempo para realizar 5 ingestas? ¿Y si los alimentos escogidos no le gustan?

La falta de individualización de planes como este hace que el sujeto presente dificultades para llevarlos a cabo y, sobre todo, complica que no los pueda mantener de forma prolongada en el tiempo, factor fundamental para perder peso y no recuperarlo.

          b. Búsqueda de resultados rápidos

Debemos entender que la composición corporal (el balance entre el tejido graso y magro) es el resultado de nuestros hábitos de vida y nuestra genética. Nuestros genes no podemos manipularlos, pero las decisiones que tomamos en nuestro día a día, sí.

Sin embargo, la industria alimentaria, la de la suplementación y la de la cosmética nos bombardean constantemente con productos que nos ofrecen resultados milagrosos en tiempo record, haciéndonos creer que alcanzaremos los objetivos deseados sin el esfuerzo que supone tener que realizar cambios significativos en nuestros hábitos de vida. Además, cuando en nuestro interior escuchamos esa voz que nos dice ¿y si funciona?, somos más propensos a caer en la tentación de hacer uso de este tipo de productos.

En este caso, la falta de conocimientos en la materia nos empuja a llevar a cabo, entre otras cosas, estrategias nutricionales como las que veremos en el curso de Análisis de las dietas más utilizadas para la pérdida de peso, o incluso otras más extremas, las cuales, por un lado pueden afectar de forma negativa a nuestro organismo (haciéndonos más propensos a ganar peso) o desmotivándonos, al no haber conseguido los resultados que nos prometieron, creándonos rechazo hacia todas las pautas orientadas a la pérdida de peso. ¿Cuántas veces has escuchado decir a alguien “a mí no me funcionan las dietas”?

Ahora bien, las estrategias que se analizan en dicho curso no tienen por qué ser inefectivas per se, sino que sus resultados positivos en perfiles muy específicos no son extrapolables a toda la población.


         c. Sedentarismo

Todavía muchas personas consideran que la alimentación y el ejercicio físico son elementos independientes. Cabe remarcar que la actividad física es innegociable para envejecer con una buena salud, pero en el caso de las dietas para la pérdida de peso, se trata de un pilar fundamental.

Por un lado, el ejercicio físico nos ayuda a incrementar el gasto energético, lo que contribuye de forma positiva a alcanzar el déficit energético necesario para la pérdida de peso y, por otro lado, un entrenamiento de fuerza y resistencia cardiovascular bien planificado ayuda a preservar la masa muscular al tiempo que mejora la eficiencia del organismo a la hora de utilizar las grasas como combustible.

Por tanto, la falta de ejercicio físico a la hora llevar a cabo un plan nutricional orientado al adelgazamiento es un grave error que no solo limita la pérdida de peso, también incrementa el riesgo de recuperarlo una vez se restauren los hábitos de alimentación previos, ya que es probable que en el proceso hayamos perdido masa muscular.

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         d. Efecto yo-yo

También conocido como efecto rebote, el efecto yo-yo hace referencia a los ciclos de pérdida-recuperación de peso sucesivos producidos por dietas hipocalóricas, generalmente, bajas en carbohidratos.

Este tipo de dietas garantizan una pérdida de peso rápida. Sin embargo, esta pérdida se debe principalmente a la depleción de los depósitos de glucógeno muscular y la deshidratación (cada gramo de glucógeno se asocia aproximadamente a 3 gramos de agua).

Puesto que se trata de dietas altamente restrictivas, son complicadas de llevar a cabo durante un tiempo prolongado, lo que nos hace volver a nuestros hábitos alimenticios previos. Cuando esto sucede, es frecuente observar como el individuo no solo recupera el peso perdido, sino que lo aumenta. Puesto que ha llevado un déficit energético agresivo, la pérdida de masa muscular ha sido más acusada, lo que influye de forma negativa en el estado hormonal e incrementa la capacidad del organismo para acumular grasa.

Por tanto, a medida que el individuo se somete a planes de este tipo, cada vez acumula más grasa corporal, pierde más masa muscular y presenta más dificultades para perder peso.

        e. Factores psicológicos

Otro factor limitante para la pérdida de peso que no se suele tener en cuenta son los trastornos psicológicos relacionados con la alimentación.

Cabe señalar que los hábitos alimenticios se encuentran ligados a nuestras emociones. De hecho, todos hemos sentido como, en algún momento de nuestra vida, vivir emociones extremadamente intensas nos ha “cerrado el estómago”. Esto es solo un ejemplo de cómo las emociones pueden tener relación con nuestra alimentación.

Ahora bien, ante episodios de estrés crónico, ansiedad, depresión, … s frecuente recurrir al consumo de alimentos hiperpalatables (evidentemente, de alta densidad energética y bajo valor nutricional), los cuales producen un placer instantáneo pero efímero.

Cuando el individuo sufre periódicamente episodios de “atracones” originados por factores psicológicos, lo razonable es derivarlo al profesional sanitario especializado en esta materia, ya que se trata de un área ajena al entrenamiento y la nutrición.

 

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