Entrenar sin comprender cómo funciona el cuerpo es improvisar. Por qué todo entrenador debe dominar la fisiología deportiva es una pregunta clave al reflexionar sobre la formación de Entrenadores y Preparadores Físicos, donde improvisar no debería ser una opción.
Entrevista a Facundo Ahumada para el Blog del Instituto ISAF
En el mundo del entrenamiento hay palabras que se repiten mucho: intensidad, rendimiento, carga, recuperación, zonas, lactato, VO2máx. El problema no es que se repitan. El problema es que muchas veces se usan sin entender realmente qué hay detrás.
Y ahí aparece una idea incómoda, pero necesaria: no se puede entrenar bien si no se comprende cómo funciona el cuerpo.
Esa fue una de las grandes conclusiones de la entrevista realizada a Facundo Ahumada, especialista con una trayectoria que combina Educación Física, Ciencias Químicas, fisiología aplicada, trabajo de campo con deportistas y desarrollo de herramientas para el entrenamiento. A lo largo de la conversación dejó un mensaje tan simple como contundente: la fisiología deportiva no es un complemento; es la base sobre la que debe construirse todo entrenamiento de calidad.
Más allá de los títulos: estudiar el cuerpo humano en serio
Facundo Ahumada se presenta de una forma particular. Antes que enumerar títulos, prefiere definirse como un explorador y un estudiante del cuerpo humano. No es una frase para quedar bien. Resume bastante bien el tono de toda la entrevista.
Su recorrido incluye formación en Educación Física, estudios en Ciencias Químicas, un máster en Murcia y el deseo de continuar con un doctorado orientado a la ciencia del deporte en Noruega. Pero lo más interesante no es la acumulación de credenciales, sino la dirección de su trabajo: integrar la ciencia dura con la práctica real del entrenamiento.
Desde esa posición, plantea una preocupación que no pasa desapercibida: en buena parte del contexto hispanohablante, y en particular en Argentina, sigue existiendo una debilidad importante en la producción y aplicación rigurosa de conocimiento en ciencias del deporte. Dicho de forma clara: hay mucho entrenamiento, mucha opinión y demasiada improvisación; pero no siempre hay suficiente ciencia detrás.
El gran problema actual: entrenar copiando sin comprender
Uno de los ejes más fuertes de la entrevista fue la crítica a una realidad cada vez más frecuente: entrenadores, preparadores físicos e incluso deportistas que terminan diseñando o replicando entrenamientos sin una base fisiológica sólida.
Facundo lo plantea sin rodeos. Cuando no se conoce fisiología, se cae muy fácilmente en:
- copiar métodos ajenos sin criterio,
- repetir modas,
- tomar decisiones por intuición mal entendida,
- o dejarse arrastrar por contenidos superficiales de redes sociales.
El resultado es un entrenamiento vacío de fundamento. Puede sonar moderno, duro o incluso atractivo, pero eso no lo convierte en correcto.
La diferencia entre un profesional formado y alguien que simplemente reproduce lo que vio en internet está, precisamente, en su capacidad para responder preguntas básicas: qué está ocurriendo en el organismo, qué sistema energético predomina, qué tipo de fibra se está reclutando, qué adaptación se espera y qué coste fisiológico tiene ese estímulo.
Cuando esas preguntas no tienen respuesta, el entrenamiento deja de ser una intervención profesional y empieza a parecerse demasiado a una apuesta.
La fisiología como libertad profesional
Uno de los aportes más inteligentes de Ahumada fue esta idea: la fisiología no limita al entrenador; le da libertad.
¿Por qué? Porque quien entiende cómo funciona el cuerpo no necesita vivir atado a recetas fijas. Puede construir su propio sistema, adaptar metodologías, interpretar mejor las respuestas del deportista y evitar depender de slogans o etiquetas vacías.
Esa libertad profesional es clave. Permite salir del “esto se hace así porque siempre se hizo así” y pasar a un enfoque mucho más maduro: “esto se hace así porque tiene lógica fisiológica, porque el perfil del deportista lo necesita y porque las respuestas observadas lo justifican”.
No es una diferencia menor. Es la diferencia entre aplicar entrenamiento y dirigir un proceso de adaptación con criterio.
Todo empieza por el ATP, no por la moda del momento
En la entrevista se insistió mucho en un concepto que debería ser elemental, pero que muchas veces se olvida: todo movimiento del organismo se paga con ATP.
Caminar, correr, levantar una carga, hacer un sprint, nadar, pedalear, incluso mantenerse vivo en reposo: todo requiere energía. Y esa energía, en términos fisiológicos, se expresa a través del ATP.
A partir de ahí, la conversación entró en un terreno especialmente relevante para entrenadores y preparadores físicos: los sistemas de producción de energía. Facundo remarcó que este es uno de los conocimientos mínimos que cualquier profesional debería dominar. No como dato de examen, sino como herramienta práctica.
Porque si un entrenador no comprende cómo se produce la energía que necesita el cuerpo para moverse, difícilmente podrá responder con precisión a cuestiones esenciales como:
- qué intensidad conviene utilizar,
- cuánto debe durar un esfuerzo,
- cuánto descanso conviene programar,
- qué tipo de adaptación se está buscando,
- o qué sucede realmente dentro de cada sesión.
Y sin entender lo que ocurre en cada sesión, pretender explicar un plan completo de semanas o meses es, directamente, empezar la casa por el tejado.
El viejo error de pensar los sistemas energéticos por separado
Otro de los momentos más interesantes de la entrevista fue el repaso sobre cómo ha evolucionado la comprensión de los sistemas energéticos.
Durante muchos años se enseñó una visión demasiado rígida: primero actuaba lo anaeróbico, después lo aeróbico, casi como si el cuerpo apagara un sistema y encendiera el otro. Más tarde apareció la idea de “predominio”, donde varios sistemas coexistían, aunque uno participaba más. Y hoy la comprensión es bastante más precisa: los sistemas energéticos actúan de manera integrada desde el inicio del esfuerzo.
Esto no es un detalle académico sin importancia. Tiene consecuencias muy concretas en la programación del entrenamiento. Si un profesional sigue aplicando modelos antiguos o simplificados, puede acabar diseñando sesiones y métodos basados en premisas ya superadas.
Y ahí aparece otra crítica de Ahumada que merece atención: todavía se siguen utilizando conceptos fisiológicos obsoletos o muy mal interpretados, especialmente en torno al lactato y al llamado “umbral anaeróbico”.
El lactato no es el villano de la película
Si hubiera que elegir una idea que todavía sigue arrastrando mitos, seguramente sería esta: el lactato no es un residuo tóxico que aparece porque falta oxígeno.
Facundo lo explicó con claridad. El lactato es una molécula normal del metabolismo, útil, reutilizable y energéticamente valiosa. No es basura. No es veneno. No es un enemigo del rendimiento. De hecho, distintos tejidos del cuerpo pueden utilizarlo como sustrato energético, incluido el corazón y el cerebro.
El problema no está en el lactato, sino en las simplificaciones con las que se lo enseñó durante décadas.
También fue especialmente claro en otro punto: los sistemas energéticos no se activan porque “falte oxígeno”, sino porque aumenta la demanda de ATP. Es decir, el disparador del sistema es la necesidad energética del organismo.
Este matiz cambia mucho la mirada. Obliga a salir de explicaciones simplistas y a entender el ejercicio como un proceso regulado por la demanda, el reclutamiento muscular, la capacidad oxidativa, la disponibilidad de sustratos y la interacción constante entre vías metabólicas.
Traducido al idioma del entrenador: menos frases hechas y más fisiología de verdad.
Mitocondrias, salud y rendimiento: una relación inseparable
Uno de los puntos más sólidos de la entrevista fue la relación entre entrenamiento, mitocondrias y salud.
Ahumada insistió en que un músculo con muchas mitocondrias es un músculo más sano, más eficiente y más capaz de sostener demandas energéticas. Y esa idea enlaza directamente con una realidad muy relevante tanto para el rendimiento como para la salud pública: el entrenamiento de resistencia bien planteado no solo mejora la capacidad física, también mejora la calidad del organismo.
Por eso defendió algo que a veces se olvida en ciertos entornos: todos deberían hacer algo de resistencia, del mismo modo que todos deberían entrenar fuerza. No porque todos tengan que correr un maratón o competir, sino porque ambas capacidades cumplen un papel fundamental en la salud.
Aquí aparece además una afirmación de mucho peso: el VO2máx sigue siendo uno de los grandes indicadores de salud y rendimiento. Un mejor consumo máximo de oxígeno suele reflejar una mejor maquinaria fisiológica, especialmente una mayor capacidad oxidativa.
No es casualidad que los deportistas de resistencia mejor entrenados presenten valores tan elevados. Tampoco es casualidad que la literatura científica asocie un mayor VO2máx con mejor pronóstico de salud.
No todo lo intenso es HIIT, aunque lo vendan así
En otro tramo de la entrevista, Ahumada abordó un tema muy actual: la confusión entre entrenamiento intenso, entrenamiento funcional, circuitos y HIIT.
Su postura fue clara. El HIIT en sentido fisiológico riguroso se refiere sobre todo a esfuerzos cíclicos, como correr, pedalear, remar o nadar, realizados a intensidades que permitan acumular tiempo en o cerca del VO2máx.
Eso deja fuera a muchas sesiones que comercialmente se presentan como HIIT solo porque son duras o porque dejan al participante exhausto. Que una clase sea intensa no significa automáticamente que esté generando la adaptación concreta que promete.
La observación no es menor, porque hoy abundan formatos de entrenamiento que mezclan fuerza, saltos, desplazamientos, ejercicios globales y pausas mínimas, y a todo eso se le coloca la etiqueta HIIT como si fuera un sello mágico. Pero fisiológicamente no es tan simple.
La pregunta correcta no es “cómo se llama la sesión”, sino qué pretende mejorar y si realmente lo consigue.
Para mejorar el VO2máx no hace falta elegir bando
Facundo también se refirió al eterno debate entre entrenamiento continuo y entrenamiento intervalado. Su respuesta fue muy razonable: en el deporte real no se trabaja solo con uno o solo con otro; se combinan.
Para mejorar el VO2máx, el intervalado de alta intensidad es una herramienta especialmente valiosa. Pero eso no elimina la importancia del trabajo continuo de baja intensidad, que sigue siendo un cimiento decisivo, especialmente en deportes de resistencia.
El error está en los extremos. Ni todo debe ser HIT, ni todo debe ser base, ni mucho menos todo debe reducirse a una pelea absurda entre métodos.
Lo importante es el contexto, el momento, el perfil del deportista y la capacidad de recuperación. En otras palabras: lo importante no es defender una bandera metodológica, sino saber programar con inteligencia.
El entrenamiento para la salud también necesita criterio
Una parte especialmente útil de la entrevista fue la dedicada al entrenamiento orientado a la salud y a las personas sedentarias.
Ahumada defendió que la intensidad también tiene valor en este campo, siempre que se utilice con sentido común. Es decir, no se trata de poner a una persona desentrenada a hacer sprints suicidas en bicicleta porque un estudio haya mostrado adaptaciones potentes. Se trata de construir una progresión viable.
Por eso valora mucho más propuestas como:
- caminar y trotar alternado,
- introducir pequeñas cuestas,
- trabajar con dosis mínimas,
- y progresar según tolerancia real.
La idea es brillante en su sencillez: hacer poco pero de forma sostenible siempre será mejor que proponer demasiado y generar abandono.
En tiempos donde a veces se romantiza el sufrimiento como si fuera prueba de eficacia, conviene recordar esta verdad bastante menos glamorosa pero mucho más útil: la adherencia sigue siendo una de las variables más decisivas del éxito.
Evaluar no es ir a la NASA
Otro gran acierto de la entrevista fue desmontar la idea de que solo se puede evaluar bien con laboratorio, gasometría y tecnología costosa.
Facundo defendió con mucha lógica el valor de los test de campo cuando están bien diseñados e interpretados. La clave, según explicó, está en entender la relación entre carga externa e impacto interno.
Dicho de otra manera: no siempre hace falta un laboratorio para saber si un deportista está mejorando. A veces basta con observar cómo responde a una velocidad, una potencia o una tarea concreta, cómo evoluciona su frecuencia cardíaca, cómo recupera o qué percepción del esfuerzo reporta.
El mensaje es potente porque devuelve al entrenador una parte de su oficio. La evaluación no es solo una cuestión de aparatos. También es capacidad para hacer buenas preguntas al cuerpo y saber leer las respuestas.
La recuperación no es una pausa inútil: es donde realmente ocurre la mejora
Si hubo una idea que apareció con contundencia una y otra vez, fue esta: el entrenamiento no mejora al deportista durante la sesión; la mejora ocurre durante la recuperación.
Durante el entrenamiento se genera el estímulo, el estrés, la perturbación. Pero las adaptaciones llegan después, cuando el organismo repara, reorganiza, sintetiza y responde.
Por eso Ahumada insistió tanto en la importancia de los microciclos de descarga y de las fases de recuperación. Incluso citó el caso de entrenadores noruegos de máximo nivel que programan estas semanas de forma sistemática cada dos o tres semanas de carga.
Esto choca frontalmente con una cultura todavía muy extendida en algunos entornos: la idea de que parar, bajar carga o descargar es casi una traición al progreso. Como si entrenar menos durante unos días fuera sinónimo de debilidad.
La fisiología dice otra cosa. Y la experiencia práctica también. Quien no recupera bien no acumula adaptación; acumula fatiga, estancamiento y riesgo de lesión.
El mejor recuperador sigue siendo el de siempre: dormir
Entre todas las estrategias de recuperación posibles, Ahumada fue terminante: el sueño sigue siendo la más importante con diferencia.
Ni baños fríos, ni gadgets, ni protocolos sofisticados, ni estrategias que suenan espectaculares en redes sociales compensan una mala calidad de sueño. Si el deportista no duerme lo suficiente, el margen de adaptación se reduce de forma clara.
La afirmación tiene mucho sentido. Dormir bien influye en:
- la síntesis de proteínas,
- la regulación hormonal,
- la recuperación neuromuscular,
- la función cognitiva,
- el control del estrés,
- y la tolerancia general a la carga.
La conclusión es bastante incómoda para quienes prefieren comprar soluciones vistosas antes que ordenar lo básico. Pero sigue siendo verdad: el cuerpo no negocia con la falta de sueño.
El llamado “método noruego”: menos mística y más consistencia
En los últimos años se ha hablado mucho del famoso “método noruego”, a veces con un tono casi esotérico. Facundo, que ha trabajado y dialogado de cerca con referentes vinculados a ese entorno, rebajó bastante el humo.
Su explicación fue muy clara: no hay un secreto mágico. Lo que hay es una filosofía bastante sólida basada en:
- alto volumen anual,
- muchísimo trabajo realmente a baja intensidad,
- pocas sesiones de alta intensidad, pero muy bien ejecutadas,
- gran atención a la recuperación,
- seguimiento constante,
- y una cultura de paciencia a largo plazo.
Quizá el rasgo más interesante es este último. La mirada noruega, según explicó, no parece obsesionada con forzar al atleta al límite todos los días. Prefiere construir durante años, con consistencia, dejando margen, afinando detalles y evitando el desgaste innecesario.
En un contexto donde muchos quieren resultados extremos en tiempos ridículamente cortos, esta visión resulta casi revolucionaria por lo sensata que es.
Un libro, una herramienta y una misma idea de fondo
La entrevista también permitió conocer dos proyectos importantes de Ahumada: su libro sobre entrenamiento intervalado en ciclismo y la plataforma Endurance Tool.
Aunque son iniciativas distintas, ambas responden a una misma lógica. Por un lado, su libro busca reunir evidencia científica, experiencia aplicada y criterio metodológico para ofrecer una referencia sólida. Por otro, Endurance Tool intenta llevar todo ese conocimiento a la práctica diaria de entrenadores y deportistas, resolviendo problemas reales de programación, comunicación y organización.
La idea de fondo es coherente con toda la conversación: la ciencia del entrenamiento vale más cuando se traduce en decisiones concretas, útiles y aplicables.
No alcanza con saber. Hay que saber usar ese conocimiento.
Una conclusión necesaria para el presente del entrenamiento
La entrevista a Facundo Ahumada deja una enseñanza muy clara para cualquier profesional del ejercicio, el rendimiento o la salud: la fisiología deportiva no es un adorno académico ni una materia para aprobar y olvidar.
Es la base que permite construir entrenamientos con lógica, interpretar respuestas, evitar errores graves, individualizar procesos y sostener una práctica profesional seria.
En una época donde sobran recetas rápidas, frases simplistas y vídeos de 30 segundos que prometen resolver todo, volver a la fisiología es casi un acto de higiene profesional.
Porque entrenar duro puede hacerlo casi cualquiera.
Entrenar con criterio ya es otra cosa.
Y entrenar con criterio, guste o no, empieza por entender el cuerpo.