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Preparación física: errores habituales.

Bajo nuestra experiencia, cuando asesoramos o hablamos con entrenadores, percibimos que estos carecen de conocimientos básicos de fisiología o tienen dificultades a la hora interpretarlos y llevarlos a la práctica, hecho que da lugar a entrenamientos poco eficaces.

De este modo, nos encontramos con entrenamientos donde la intensidad, duración de los estímulos, tiempo de las pausas, ejercicios, …, no coinciden con los requisitos biomecánicos y fisiológicos que se pretende mejorar.

Dicho esto, nos disponemos a explicar cuáles son los principales errores que vemos de forma más habitual en la preparación física:

  • Primer objetivo, evitar lesiones.

En la búsqueda de mejorar las capacidades físicas de los deportistas, muchos entrenadores olvidan lo más importante: el primer objetivo de la preparación es que el sujeto compita durante el mayor tiempo posible y, para ello, debe estar lo más alejado de las lesiones.

El mero hecho de competir y entrenar ya aumenta el riesgo de lesión del deportista debido al incremento del tiempo de exposición de este a la actividad deportiva. Más aún cuando este presenta descompensaciones, propias de su estructura genética o las provocadas por su deporte.

No identificar dichas descompensaciones y, por tanto, no dedicar un espacio dentro de las sesiones para corregirlas da lugar a deportistas que se lesionan con mayor frecuencia, hecho que acaba mermando la continuidad, disminuye el rendimiento y, sobre todo, acorta la vida deportiva de estos.

Cabe agregar que este tipo de trabajo puede ser incorporado tanto en sesiones específicas como en la fase preparatoria del entrenamiento, o como ejercicios situados en los periodos de pausa activa de tareas más extenuantes, ya que su moderada intensidad garantiza que no va a interferir con otras tareas.

  • Secuencia del entrenamiento ineficaz.

Una sesión con varios objetivos debe tener una organización cronológica que haga que el estímulo de unas áreas de entrenamiento no perjudique o interfiera en las siguientes.

Por ejemplo, realizar un trabajo que exija coordinación motora tras la ejecución de tareas que han provocado altos niveles de fatiga en el deportista hace que este reduzca considerablemente su rendimiento.

De ahí que insistamos en la importancia que tienen los conocimientos del preparador acerca de las reacciones bioquímicas que suceden durante el entrenamiento, ya que de esto depende que las sesiones tengan una organización que respete las necesidades que requiere cada capacidad.

  • Falta de trabajo cognitivo.

Frecuentemente se olvida que, en la gran mayoría de deportes, la fase de toma de decisiones es un momento determinante dentro del juego.

El tiempo que transcurre desde la recepción de un estímulo visual, auditivo, táctil, ..., hasta que se toma la decisión marca la diferencia entre los deportistas buenos y los excelentemente preparados.

Conviene subrayar que no solo es importante la disminución del tiempo que se tarda en tomar la decisión, sino también que dicha decisión sea la más acertada (un pase preciso, un golpe ganador, etc.).

Es por esto que consideramos incompleta una preparación que no incluye este tipo de trabajo.

  • Desarrollo insuficiente de la lateralidad.

Entendemos por lateralidad la supremacía de un hemisferio cerebral sobre el otro con la consecuente preferencia de uso de uno de los dos lados del cuerpo.

La falta de atención por parte de los preparadores en este aspecto provoca que los deportistas desarrollen sus capacidades de forma asimétrica en favor de su lado dominante.

Un buen equilibrio entre las dos lateralidades puede proporcionar una ventaja competitiva a los deportistas debido a la mayor variabilidad motriz que estos tendrán. Es decir, su abanico de recursos a la hora de desplazarse será más amplio.

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