Durante años, la pubalgia se abordó a base de reposo, antiinflamatorios y, en muchos casos, cirugía precoz. La investigación de los últimos años ha cambiado bastante ese panorama, y conviene ponerse al día: lo que era práctica habitual ya no siempre se sostiene con la evidencia actual.
En este módulo repasamos lo que confirma y lo que matiza la ciencia reciente sobre el dolor inguinal del deportista: el papel del ejercicio, los límites de las pruebas de imagen y hacia dónde apunta la prevención.
El ejercicio activo, tratamiento de primera línea
El cambio de paradigma más importante: el tratamiento conservador basado en ejercicio activo se ha consolidado como la primera opción en la mayoría de los casos, por delante del reposo o la cirugía inmediata. Las revisiones recientes describen reducciones notables del dolor y mejoras funcionales con programas de rehabilitación activa y abordaje multimodal.
Esto no significa que la cirugía no tenga lugar, sino que deja de ser el primer recurso automático. El protocolo de ejercicio bien pautado se detalla en el módulo de protocolo de ejercicios.
Evidencia: revisiones sistemáticas recientes sobre intervenciones no quirúrgicas en el dolor inguinal del deportista respaldan el ejercicio activo como base del tratamiento, con mejoras significativas del dolor y la función y buenos porcentajes de retorno al deporte.
El ejercicio Copenhagen: la estrella de la prevención (con matices)
Si hay un ejercicio que domina la literatura reciente sobre prevención de la pubalgia, es el Copenhagen Adduction Exercise (ejercicio de aducción de Copenhague), un trabajo excéntrico de aductores realizado en pareja o con apoyo. Múltiples estudios muestran que mejora la fuerza excéntrica de los aductores, el rango de movimiento y el equilibrio dinámico.
Ahora bien, la propia ciencia introduce matices honestos: su eficacia depende del volumen y de aplicar sobrecarga progresiva (a más dosis, mejores resultados), y algunas revisiones señalan que no debería ser el único recurso. La tendencia actual es ampliar el abanico de ejercicios preventivos, no depender de uno solo.
| Idea antigua | Lo que dice la evidencia actual |
|---|---|
| Reposo como tratamiento principal | Ejercicio activo de primera línea |
| Cirugía precoz por defecto | Cirugía reservada a casos seleccionados |
| La imagen confirma el diagnóstico | La imagen no basta: hay hallazgos también en sanos |
| Un solo ejercicio preventivo | Programas variados con sobrecarga progresiva |
Cuidado con las pruebas de imagen
Uno de los hallazgos más importantes de los últimos años, y de los que más debería cambiar la práctica, tiene que ver con la radiografía y la resonancia. Los estudios muestran que muchos «hallazgos» en la zona púbica (alteraciones óseas, esclerosis) aparecen también en deportistas sin ningún dolor.
La consecuencia es clara: una imagen «alterada» no confirma por sí sola que ahí esté el origen del dolor, y puede llevar a diagnósticos y cirugías innecesarias. La imagen es una herramienta de apoyo, no el juez final; el diagnóstico se basa sobre todo en la exploración clínica, como se explica en el módulo de diagnóstico.
Postura ISAF: la evidencia manda, también cuando incomoda. Pedir una resonancia y operar por lo que aparezca es una tentación frecuente, pero los datos dicen que muchos de esos hallazgos son «ruido». El profesional actualizado prioriza la exploración clínica y el ejercicio activo, y reserva la imagen y la cirugía para lo que de verdad las necesita.
Resumen práctico
- El ejercicio activo es hoy el tratamiento de primera línea.
- El Copenhagen Adduction Exercise es el más estudiado en prevención, con sobrecarga progresiva.
- Conviene variar los ejercicios preventivos, no depender de uno solo.
- Los hallazgos de imagen aparecen también en deportistas sin dolor: no bastan para diagnosticar.
- La cirugía se reserva a casos seleccionados, no como primer recurso.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es el mejor tratamiento para la pubalgia según la ciencia?
La evidencia actual sitúa el ejercicio activo y la rehabilitación multimodal como tratamiento de primera línea en la mayoría de los casos, con buenos resultados en dolor, función y retorno al deporte. La cirugía se reserva para casos concretos que no responden.
¿Sirve el ejercicio de Copenhague para prevenir la pubalgia?
Sí, es el ejercicio preventivo más respaldado por la investigación: mejora la fuerza excéntrica de los aductores. Su eficacia depende del volumen y la sobrecarga progresiva, y conviene combinarlo con otros ejercicios en lugar de usarlo de forma aislada.
¿Hace falta una resonancia para diagnosticar la pubalgia?
No siempre. La imagen es una herramienta de apoyo, pero muchos hallazgos aparecen también en deportistas sin dolor, así que no confirma por sí sola el origen del problema. El diagnóstico se apoya sobre todo en la exploración clínica.
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