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¿Qué caracteriza el entrenamiento funcional de alto rendimiento?

El Entrenamiento Funcional de Alto Rendimiento, EFAR, es un método de entrenamiento funcional que se caracteriza por tratarse de una disciplina muy depurada, completa y contrastada científicamente, enfocada a conseguir resultados positivos en todos los aspectos de la vida del atleta que la practica.

La formación en EFAR se caracteriza, básicamente, porque permite al alumno convertirse en un verdadero experto en todas las áreas del entrenamiento funcional y disponer de la formación necesaria tanto para ponerla al servicio de su propio entrenamiento como para ofrecérsela a otros profesionalmente. Y, además, sin perder de vista que una buena formación en EFAR servirá para poner en cuarentena cualquier novedosa modalidad antes de contar con ella como una nueva rutina deportiva de alto rendimiento.

Y esto es así, porque el Entrenamiento Funcional de Alto Rendimiento abarca todos los aspectos posibles del trabajo deportivo: agilidad, potencia, resistencia, velocidad, equilibrio y estabilidad, y lo hace a través de la evaluación y revisión objetiva de diferentes tipos de entrenamientos que se ponen de moda y aterrizan en los gimnasios, en ocasiones, con eficiencia contrastada y buenos profesionales para impartirlos y obtener los ansiados beneficios para los deportistas y, en otros, sin base científica ni argumentos para desarrollar unas rutinas deportivas que acabarán por poner en riesgo la salud de los deportistas.

En cuanto a métodos contrastados de entrenamiento que favorecen la formación deportiva tenemos ejemplos como el HIIT, BootCamp, CroosTraining o Entrenamiento Funcional de Alta Intensidad, entre otras disciplinas. Métodos que un entrenador formado en EFAR, sabrá clasificar determinando los pros y contras que presenta para cada atleta.

Un entrenador cualificado sabrá cómo aplicar cada técnica a cada deportista reduciendo el número de inconvenientes; sabrá optimizar el método poniendo en juego los aspectos del mismo que favorezcan un buen entrenamiento sin suponer una amenaza para la integridad física de la persona que lo practica.

Cuando un deportista decide formarse en Entrenamiento Funcional de Alto Rendimiento, tiene que saber dónde se está metiendo, porqué y hasta dónde quiere llegar, es decir, tiene que informarse sobre el proceso.

No basta con aspirar a realizar entrenamientos al mismo nivel que los deportistas de élite o las unidades policiales o militares de alto nivel, no basta. Como estímulo es aceptable pero, frente a un programa de entrenamiento funcional de alto nivel, el atleta está solo con sus recursos y herramientas.

Su agilidad, su velocidad, su resistencia, son, entre otras, las cualidades y herramientas de las que dispone para llevar a cabo el proceso, por eso necesita formación y guía. No es fácil separar la paja del grano si uno no ha recibido la formación necesaria. Y no es fácil controlar los límites saludables cuando se combina la ignorancia con la ambición de conseguir objetivos a cualquier precio.

Y conociendo el proceso, ¿cómo saber quién está preparado para embarcarse en él? Desde luego con serenidad y contando con el consejo de un profesional formado en EFAR. Olvídate del exceso de entusiasmo porque, en este caso, un entusiasmo exagerado no es precisamente buen consejero.

Para iniciar un proceso de entrenamiento de alto rendimiento, es preciso, porque la salud está en juego más que en otras disciplinas deportivas, evaluar la condición física del protagonista, identificar descompensaciones estructurales con el objetivo de adaptar el entrenamiento al nivel físico real del deportista y a sus cualidades y capacidades específicas, tales como la fuerza máxima, la potencia, la coordinación o el equilibrio y la estabilidad.

Una vez evaluada la condición física, se lleva a cabo la adaptación de un entrenamiento de forma controlada. De este modo, se pueden verificar niveles de fatiga adecuados sin poner en peligro la técnica de realización de ejercicios que incrementarían el riesgo de lesión.

Sin esa supervisión profesional, la realización de este tipo de rutinas deportivas se convierte en un deporte de riesgo, algo que está llegando a la comunidad deportiva de la mano de ciertas corrientes, y que es necesario revisar porque, en muchos casos, se trata de prácticas que no tienen en cuenta el tipo de ejercicios para el desarrollo de capacidades físicas específicas; la planificación en base a los sistemas energéticos y las posibles interferencias causadas por los mismos; el estado físico del deportista que se inicia en la actividad, etc.

Sin duda, resulta contradictorio que, disponiendo de entrenamientos que pueden ayudar a muchas personas a retomar la práctica de una actividad deportiva, con las mejoras en la salud general que ello conlleva; a mejorar su rendimiento e, incluso, a convertirse en profesionales del deporte, se den casos de práctica deportiva sin supervisión que pueden tener el efecto contrario.

El Entrenamiento Funcional de Alto Rendimiento es una herramienta para optimizar capacidades y favorecer una práctica deportiva que mejore la salud y la condición física; una herramienta personal e intransferible que para tener éxito ha de llevarse a cabo de forma absolutamente personalizada, adaptada a cada persona que lo practique, como se adapta al cuerpo un diseño realizado a medida.

 

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