Instituto ISAF

¿Es importante seguir un plan de entrenamiento?

Lisa, llana y rotundamente, sí.

Y no es que sea importante, es que es tan necesario como indispensable si es que vas en serio a la hora de conseguir el objetivo deportivo que te has marcado.

Un plan de entrenamiento es una de tus armas secretas. ¿Por qué?

Un plan de entrenamiento consigue ordenar todo lo que se relaciona con tu rutina deportiva de forma parecida a cómo se ordenaría un armario, desde los zapatos hasta el cajón de los calcetines pasando por todo lo demás.

Solo que tú no vas a ordenar un armario, vas a diseñar un plan de entrenamiento deportivo que va a mejorar toda tu vida, mucho más ambicioso e interesante, ¿no te parece?

Un plan de entrenamiento es el eje en torno al cual se organizan todos los factores que forman tu rutina deportiva.

Nos referimos al ejercicio físico propiamente dicho que, a su vez, incluye diferentes tipos de entrenamiento, con diferentes rutinas y en diferentes espacios; hablamos también de nutrición, de organizar los nutrientes que vas a ingerir en función de la actividad física y mental que vayas a llevar a cabo y en todas sus variantes y, por supuesto, como no podría ser de otro modo, incluimos como uno de los factores más importantes, el descanso, porque no hay rutina deportiva que funcione, que sea saludable y que progrese, que no tenga en cuenta el descanso.

¿Qué necesitamos para elaborar un plan de entrenamiento personal?

Además del compromiso personal para llevarlo a cabo, que es el factor más importante, es necesario que nos planteemos una serie de preguntas y que, si no conocemos las respuestas, busquemos ayuda profesional cualificada para elaborar un plan de entrenamiento equilibrado saludable y que, de verdad, plantee objetivos reales.

El factor que determinará la totalidad del plan es la primera pieza de este puzzle: el objetivo. Concretar y visualizar un objetivo hacia el que enfocar el plan de entrenamiento define el resto del proceso.

En segundo lugar, será muy importante saber el estado actual en el que se encuentra el atleta. Conocer datos concretos de su rendimiento deportivo será clave para seguir adelante. En este punto también se pueden incluir datos sobre las características de los entrenamientos que se vienen realizando y definir si va a ser necesario cambiarlas.

En tercer lugar, hablaríamos de un factor protagonista en cualquier actividad humana, desde respirar a dormir, que aplicado al entrenamiento deportivo adquiere un valor añadido, nos referimos al tiempo. El tiempo que el atleta puede dedicar a cada sesión de entrenamiento, y la frecuencia de sesiones semanales y mensuales; el tiempo de descanso y el tiempo que va a emplear en alcanzar sus objetivos. Tres escenarios diferentes que se relacionan entre si de una forma tan intensa que se condicionan unos a otros por completo.

En este punto ya conviene ir metiéndose en materia y pasar a definir el contenido de los entrenamientos, la intensidad de los mismos, la maquinaria que se precisará para llevar a cabo las diferentes rutinas y, muy importante, si la supervisión con la que el atleta cuenta para desarrollar las sesiones es la apropiada, lo suficientemente presente como para poder corregir errores o introducir nuevas rutinas y lo suficientemente discreta como para que el propio atleta se responsabilice de sus entrenamientos y aprenda, poco a poco, lo necesario para hacerse cargo de ellos en el futuro de manera completamente autónoma.

A grandes rasgos, esa sería la base y los puntos de desarrollo para elaborar un plan de entrenamiento con garantías de éxito.

Lógicamente, se trata de un planteamiento variable en función de la persona que vaya a llevar a cabo la rutina deportiva. No es lo mismo diseñar un plan de entrenamiento para un deportista que esté empezando a preparase profesionalmente y que ya se ha introducido en el mundo de la enseñanza deportiva profesional, que hacerlo para alguien que carece de fundamentos básicos.

En ambos casos, y aunque los objetivos probablemente sean muy diferentes, un plan de entrenamiento con un punto de partida claro, bien estructurado, consensuado entre el interesado y su entrenador, monitor o profesor, y con un objetivo claramente definido, tiene todas las garantías posibles de éxito.

Y no nos referimos solo a alcanzar el objetivo que, lógicamente, es la meta y el atractivo más destacado del plan; estamos hablando de recorrer el camino con un eje que sirva tanto de refuerzo cuando los resultados sean los esperados y todo vaya viento en popa, como de apoyo y estímulo cuando el trabajo diario se vuelva cuesta arriba, nos juegue malas pasadas y la fuerza de voluntad flaquee.

Un plan de entrenamiento es necesario y gracias a él alcanzarás tu objetivo. Ponte en marcha y compruébalo, ya tienes las claves.

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